

Primer lunes del verano. Resuenan los ecos del entierro de don Vicente Ferrer. Multitudinario. Gentes de a pie a sus pies. Su gente. Hoy han enterrado el cuerpo, que no la idea. Me he sentido muy poca cosa comparándome con Vicente Ferrer estos últimos días. Qué tío, ¿cómo pudo no desfallecer nunca con todas las trabas que tuvo? Con él se entiende lo que una palabra hoy denostada como es VOCACIÓN significa.
Debería conservarse su ADN y meterlo en uno de esos paquetes sellados que se mandan al espacio, por si algún día los extraterrestres dan con el envío... Cuestión de imagen, más que nada, para la humanidad, que gracias a gente como Vicente Ferrer se redime y deja de ser el error de la naturaleza que muchas veces parece.
Han ido hasta el cementerio indio José Bono y Soraya Saénz de Santamaría y una delegación del gobierno catalán, algo es algo... Espero que dejen unos buenos donativos en la caja antes de volver a subirse al avión.
Ayer fue el día de la lengua española. Los Centros Cervantes hicieron un poco el ganso. Concursos de palabras preferidas. Entre las palabras preferidas que se votaron con motivo de esa celebración figura, y muy bien situada, la palabra "chapucero". Justicia poética. Es una palabra muy española, ciertamente. Lo de los Centros Cervantes es sin duda algo un poco chapucero. Me cuentan ciertos insiders (¿ debería decirse inciados en buen español?) que son meras academias muchas veces, y que aparte unos pocos de ellos, la mayoría no logran romper el círculo del anonimato ni proyectan una imagen poderosa de la lengua española. Pero las autoridades del ramo sacando pecho. A lo suyo. La directora Caffarel hablando de un 600% ( sic) de crecimiento demográfico (!) de los hispanohablantes ( será mérito del tercermundismo de ciertos países más bien, o de una mala política de natalidad, digo yo ...)
Y me entero hoy por la radio de que gran parte de los profesores de los Cervantes están infrapagados, sin vacaciones remuneradas y, en muchos casos, con querellas interpuestas. De eso apenas se habla... De todos modos, los Cervantes yerran en lo principal: no deberían ser un mero escaparate de la cultura española, sino un embajador de la lengua y la cultura en español, que va más allá de lo español de España, y deberían incorporar entre sus directores y personal docente a muchas más gentes de América Latina y EE UU. ¿Dónde ha quedado un concepto como el de Hispanoamérica, tan en boca del Rey Juan Carlos de Borbón en sus giras americanas? Aparte de que la buena literatura más joven, la de los autores que estarán aún vivos dentro de 30 años, se hace allá y no acá, o allí y no aquí, tanto monta… Menos mal que tenemos en España a algunos autores que miran hacia América, como José Ovejero, uno de lo escritores mejor dotados de su generación. Otro día hablaré de él con más detenimiento.
De cualquier forma, qué cabe esperar de un país donde el español es cuestionado en Galicia, País vasco, Cataluña y Baleares, y la lista puede crecer, ojo... El día que algunas de estas comunidades autónomas se independicen (si así lo desean ellas tras referedum democrático y lo acepta el resto del país con otro referendum, dos requisitos indisociables y necesarios), espero que vuelva la cordura, que dejen atrás su edad del pavo mental y entiendan que el español es tan suyo como su "otra" lengua.
Polémica en torno al artículo de Alfonso Sastre (el de la boina en las fotos), apologético del terrorismo, según parece. Éste es el link donde se puede leer el artículo de marras:(http://www.gara.net/paperezkoa/20090621/143339/es/La-prosa-politica). No sé yo, tras haberlo leído, la verdad... Es un artículo más bien sobre el lenguaje y más bien filosófico. Produce un poco de apuro leer que Fidel Castro y Hugo Chávez son para él dos grandes prosistas, eso sí. Y me pregunto cómo una persona como Alfonso Sastre puede seguir hoy en día defendiendo un independentismo que justifica el asesinato... Gente como él tendría que intentar convencer con la palabra a los violentos de cuán absurda resulta la "lucha armada" en un caso como el del País vasco. Es un insulto a los verdaderos pueblos oprimidos.
Qué mundo más paradójico. Sastre no es un zopenco, discurre bien, es un escritor solvente, pero sus ideas sobre lo que él llama "el conflicto vasco" me resultan muy equivocadas, muy tendenciosas. Se demuestra, una vez más, que la inteligencia no es una vacuna contra el fanatismo.
Pero también he de reconocer que el que alguien como Sastre esté con ellos, con los fanáticos que matan, me hace dudar un poco. Quizá no todo sea tan blanco y tan negro. Pero la duda me dura poco: nada justifica tanta muerte absurda. El País vasco no es un pueblo oprimido, ¡demonios! Sastre debería saberlo. Se ha equivocado de pueblo oprimido, simplemente. Que busque otro pueblo oprimido, el de los pobres de Vicente Ferrer, por ejemplo... Qué buen caballero, Alfonso Sastre, si hubiera tenido un buen… pueblo oprimido.
Bálsamo final: Luis Mateo Díez (en las fotos de arriba, el que no lleva boina, ni la física ni la otra), en directo, en la UIMP de Santander (http://www.fundacionsantillana.com/jornadas-santillana) leyendo muy bien (aunque no mira al público jamás, como un pianista concentrado en su digitación, ¿será por pudor...?) un texto acerca de sus motivaciones como escritor. Magnífico texto. Tiene Luis Mateo Díez algo de modelo de El Greco, algo de recio, de sobrio y sin concesiones en su talante, que lo hace muy antiguo pero al mismo tiempo muy cercano. Suena su voz con acentos de verdad. Parece alguien de fiar. Y eso dicho de alguien que ha transmutado la vida en las palabras y viceversa, como un alquimista, no es moco de pavo. Habla de lo que sabe con palabras que se dejan entender. Un bálsamo, como digo. Dan ganas de leerlo a fondo.
Antes, José María Merino ha hecho una buena presentación del autor. Pero, ay, sigue a la lectura de Luis Mateo una aburrida mesa redonda moderada por Fernando Valls, en la que los participantes teorizan sin demasiado arte ni gracia. Lástima. Que escriban sus artículos académicos o sus reseñas especializadas pero, por favor, que no se llenen la boca de palabras y elucubraciones universitarias indigestas. Es que eso "pasa" muy mal oralmente. No tiene ninguno de ellos la talla de un José María Valverde, un Germán Gullón o un Claudio Guillén para repentizar teorías literarias con fundamento y con gracia. Y uno no puede evitar pensar: ¿por qué no se limitan a dar chancha y preguntarle cosas a Luis Mateo Díez, que me temo debe de estar pasándolo un poco mal, y pensado "menudo rollo toda esta palabrería de toda esta gente tan bienintencionada..."?
Chapuza, esa palabra tan española, tan nuestra. Chapucera la mesa redonda. Cuánta chapuza y qué poca sustancia.
Vicente Ferrer, vuelve pronto, por favor, reencarnado en lo que sea...
Triste país aquel en el que Vicente Ferrer ocupa menos tiempo que la página de deportes en los telediarios. Triste país aquel que no sabe incorporar al español de América en su escaparate cervantino ante el mundo. Triste país aquel que reniega de su propia lengua en un tercio de su territorio.
Y otro día hablaré de otro tipo de chapuzas: las aberraciones medioambientales, como la de la montaña de Abonho en Asturias, otra chapuza gigantesca con tintes cuasi-mafiosos. En España a lo nuestro, a la chapuza, que es nuestro "hecho diferencial". En eso sí que estamos hermanados vascos, catalanes y castellanos y gallegos y...
Debería conservarse su ADN y meterlo en uno de esos paquetes sellados que se mandan al espacio, por si algún día los extraterrestres dan con el envío... Cuestión de imagen, más que nada, para la humanidad, que gracias a gente como Vicente Ferrer se redime y deja de ser el error de la naturaleza que muchas veces parece.
Han ido hasta el cementerio indio José Bono y Soraya Saénz de Santamaría y una delegación del gobierno catalán, algo es algo... Espero que dejen unos buenos donativos en la caja antes de volver a subirse al avión.
Ayer fue el día de la lengua española. Los Centros Cervantes hicieron un poco el ganso. Concursos de palabras preferidas. Entre las palabras preferidas que se votaron con motivo de esa celebración figura, y muy bien situada, la palabra "chapucero". Justicia poética. Es una palabra muy española, ciertamente. Lo de los Centros Cervantes es sin duda algo un poco chapucero. Me cuentan ciertos insiders (¿ debería decirse inciados en buen español?) que son meras academias muchas veces, y que aparte unos pocos de ellos, la mayoría no logran romper el círculo del anonimato ni proyectan una imagen poderosa de la lengua española. Pero las autoridades del ramo sacando pecho. A lo suyo. La directora Caffarel hablando de un 600% ( sic) de crecimiento demográfico (!) de los hispanohablantes ( será mérito del tercermundismo de ciertos países más bien, o de una mala política de natalidad, digo yo ...)
Y me entero hoy por la radio de que gran parte de los profesores de los Cervantes están infrapagados, sin vacaciones remuneradas y, en muchos casos, con querellas interpuestas. De eso apenas se habla... De todos modos, los Cervantes yerran en lo principal: no deberían ser un mero escaparate de la cultura española, sino un embajador de la lengua y la cultura en español, que va más allá de lo español de España, y deberían incorporar entre sus directores y personal docente a muchas más gentes de América Latina y EE UU. ¿Dónde ha quedado un concepto como el de Hispanoamérica, tan en boca del Rey Juan Carlos de Borbón en sus giras americanas? Aparte de que la buena literatura más joven, la de los autores que estarán aún vivos dentro de 30 años, se hace allá y no acá, o allí y no aquí, tanto monta… Menos mal que tenemos en España a algunos autores que miran hacia América, como José Ovejero, uno de lo escritores mejor dotados de su generación. Otro día hablaré de él con más detenimiento.
De cualquier forma, qué cabe esperar de un país donde el español es cuestionado en Galicia, País vasco, Cataluña y Baleares, y la lista puede crecer, ojo... El día que algunas de estas comunidades autónomas se independicen (si así lo desean ellas tras referedum democrático y lo acepta el resto del país con otro referendum, dos requisitos indisociables y necesarios), espero que vuelva la cordura, que dejen atrás su edad del pavo mental y entiendan que el español es tan suyo como su "otra" lengua.
Polémica en torno al artículo de Alfonso Sastre (el de la boina en las fotos), apologético del terrorismo, según parece. Éste es el link donde se puede leer el artículo de marras:(http://www.gara.net/paperezkoa/20090621/143339/es/La-prosa-politica). No sé yo, tras haberlo leído, la verdad... Es un artículo más bien sobre el lenguaje y más bien filosófico. Produce un poco de apuro leer que Fidel Castro y Hugo Chávez son para él dos grandes prosistas, eso sí. Y me pregunto cómo una persona como Alfonso Sastre puede seguir hoy en día defendiendo un independentismo que justifica el asesinato... Gente como él tendría que intentar convencer con la palabra a los violentos de cuán absurda resulta la "lucha armada" en un caso como el del País vasco. Es un insulto a los verdaderos pueblos oprimidos.
Qué mundo más paradójico. Sastre no es un zopenco, discurre bien, es un escritor solvente, pero sus ideas sobre lo que él llama "el conflicto vasco" me resultan muy equivocadas, muy tendenciosas. Se demuestra, una vez más, que la inteligencia no es una vacuna contra el fanatismo.
Pero también he de reconocer que el que alguien como Sastre esté con ellos, con los fanáticos que matan, me hace dudar un poco. Quizá no todo sea tan blanco y tan negro. Pero la duda me dura poco: nada justifica tanta muerte absurda. El País vasco no es un pueblo oprimido, ¡demonios! Sastre debería saberlo. Se ha equivocado de pueblo oprimido, simplemente. Que busque otro pueblo oprimido, el de los pobres de Vicente Ferrer, por ejemplo... Qué buen caballero, Alfonso Sastre, si hubiera tenido un buen… pueblo oprimido.
Bálsamo final: Luis Mateo Díez (en las fotos de arriba, el que no lleva boina, ni la física ni la otra), en directo, en la UIMP de Santander (http://www.fundacionsantillana.com/jornadas-santillana) leyendo muy bien (aunque no mira al público jamás, como un pianista concentrado en su digitación, ¿será por pudor...?) un texto acerca de sus motivaciones como escritor. Magnífico texto. Tiene Luis Mateo Díez algo de modelo de El Greco, algo de recio, de sobrio y sin concesiones en su talante, que lo hace muy antiguo pero al mismo tiempo muy cercano. Suena su voz con acentos de verdad. Parece alguien de fiar. Y eso dicho de alguien que ha transmutado la vida en las palabras y viceversa, como un alquimista, no es moco de pavo. Habla de lo que sabe con palabras que se dejan entender. Un bálsamo, como digo. Dan ganas de leerlo a fondo.
Antes, José María Merino ha hecho una buena presentación del autor. Pero, ay, sigue a la lectura de Luis Mateo una aburrida mesa redonda moderada por Fernando Valls, en la que los participantes teorizan sin demasiado arte ni gracia. Lástima. Que escriban sus artículos académicos o sus reseñas especializadas pero, por favor, que no se llenen la boca de palabras y elucubraciones universitarias indigestas. Es que eso "pasa" muy mal oralmente. No tiene ninguno de ellos la talla de un José María Valverde, un Germán Gullón o un Claudio Guillén para repentizar teorías literarias con fundamento y con gracia. Y uno no puede evitar pensar: ¿por qué no se limitan a dar chancha y preguntarle cosas a Luis Mateo Díez, que me temo debe de estar pasándolo un poco mal, y pensado "menudo rollo toda esta palabrería de toda esta gente tan bienintencionada..."?
Chapuza, esa palabra tan española, tan nuestra. Chapucera la mesa redonda. Cuánta chapuza y qué poca sustancia.
Vicente Ferrer, vuelve pronto, por favor, reencarnado en lo que sea...
Triste país aquel en el que Vicente Ferrer ocupa menos tiempo que la página de deportes en los telediarios. Triste país aquel que no sabe incorporar al español de América en su escaparate cervantino ante el mundo. Triste país aquel que reniega de su propia lengua en un tercio de su territorio.
Y otro día hablaré de otro tipo de chapuzas: las aberraciones medioambientales, como la de la montaña de Abonho en Asturias, otra chapuza gigantesca con tintes cuasi-mafiosos. En España a lo nuestro, a la chapuza, que es nuestro "hecho diferencial". En eso sí que estamos hermanados vascos, catalanes y castellanos y gallegos y...
Qué tropa.

